jueves, 5 de noviembre de 2015

PLEGARIA ENTRE LA NIEBLA

PLEGARIA ENTRE LA NIEBLA
Amor que así me mueres
en este inmenso páramo
de místico infortunio:

mi alma es el silencio
el pálido reposo
pupila de buscarte,
y en el espacio urgente de quererte
el refugio de amar hasta el abismo.

Mi costumbre de sol,
mi tránsito amoroso:
si aún bebieras en río de mis labios,
si acaso como a mi te tiemblan horas
que fueron de ternura
en tardes de cerezas,
di en manos de qué dios o en qué condena
bajaron al desnudo nuestras horas,
que a veces no sé donde encontrarte
ni en qué lugar pedirte
de la sombra enlutada,
e igual que se regala
el búcaro de arcilla
al molde soberano de la rosa,
yo me regalo al arpa de tu sombra
para sentirme aún,
sentada en tus rodillas.
©Esther González Sánchez

CADA MINUTO

Cuando me  miras, siento
un asalto de miel en mis pupilas
y desde la Alhambra de tu boca
oigo temblar un beso en la distancia:
es Él mi esperado, 
mi cómplice amoroso.

¡Que dulce silabario cuando viaja
y golpea mi puerta
el vino caudaloso de sus ríos,
mientras grita ser preso
que en palco de mis labios
quiere enterrar su cielo!

Ven, mi amado, mi dueño carcelario
a sentar en mis alas la fortuna
de haberte conocido.
¿Escuchas como caen
los turnos de distancia?

¡Amor, cada  minuto nos acerca!
¡Dibújate en petunias!!Apresúrate!
que ya tengo en el pecho
jarrones de alegría.

©Esther González Sánchez



¡CÓMO!




No sabes mi pequeño:
hoy he visto tu imagen
y aún tiemblan mis rodillas 
por la tuyas que acaso desconoces
y leo con mis manos por tus palmas
tan llenas de inocencia,
¡Tan cubiertas de infancia!
¡Como hacerte saber de los trazos adversos
y formas de locura,
y acaso adelantarte 
que el mundo es como un rostro
viviendo en tu impotencia..
comiéndote los besos!
Cómo poder decirte que tú no tienes nombre,
que tus ansias de vuelo son las nuestras
pero que tú no existes…,
que me rompen tus pájaros
y ese tirabuzón de sueños en la frente,
y que te llamo a gritos.

¡Cómo poder decirte
que oscurecido y lento 
el mundo ya te ha visto
y permanece impávido, con alcohólicos goces, 
disfrutado las lunas que viven en tu espalda!

© Esther González Sánchez