ADOLESCENCIA
¡Oh, niña de las rosas!
La entretenida en ondas y festones
y llena de prodigios:
En el dulce diluvio que te empeña,
¡Que puras van tus gotas!
¡Que enteras de latido por humanas
cuando encierras los ojos
cuando encierras los ojos
rodeándolos de verbos
y gozas la medida
de aquel primer abrazo
que empuja y ensaya su belleza!
de aquel primer abrazo
que empuja y ensaya su belleza!
¿Acaso no es su alondra
quién te detiene en arias,
dulcemente aumentada
y vestida de fiesta?
dulcemente aumentada
y vestida de fiesta?
¡Como llaman al sueño
los suaves sobornos,
que en retoñar de azules
te decoran en beso!
Y si al cabo despiertas en su efluvio:
¿Qué nuevo es tu mirada si despiertas?
¿Qué húmedo sus islas cuando ríes?
los suaves sobornos,
que en retoñar de azules
te decoran en beso!
Y si al cabo despiertas en su efluvio:
¿Qué nuevo es tu mirada si despiertas?
¿Qué húmedo sus islas cuando ríes?
¿O no es si no, que guardan sus esferas
ese botón de lluvia
ese botón de lluvia
que brota hacia el creciente,
sonrojando el pulmón de las mejillas,
entre albores de pájaros
sonrojando el pulmón de las mejillas,
entre albores de pájaros
y flautas de agua dulce?
© Esther
González Sánchez

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