martes, 30 de septiembre de 2014

VALLE DE PUPILAS




¡Oh dueño mío en valle de pupilas!
Encima de los meses tan llenos de noviembre,
mi encarcelado talle,

como una golondrina de ala dócil 

espera, aguarda el golpe de la luz

que nos empuje al mar
de nuestros pechos de ánfora.

¡Mi siempre victorioso!
Aun vive tu rumor sobre las cosas

y tu perfume salva la escalera,
aunque acaso, después de tanto tiempo
 ya no me reconozcas
tan desvestida y rota,

tan llena de distancia
como guarda una tarde sin memoria.

¡Ven!¿No miras como tiemblan
mi boca y mi estatura?

Entra a visitar lo tanto tuyo:

Los verbos que ayer fueron de tu alma,
y en qué sudor de besos te reclamo
cuando un sostén de hilo

y luna a media asta,

me recuerdas en luto
que no me resta nada
De o que tuve ayer:

que ya no habrá retorno

de días con Giraldas,

ni altura de castilos en la arena,
que sólo ¡Amado mío!

Alrededor de mí vive el silencio,

un grave y conventual silencio

que se agota en los labios
y en los ojos cumplidos
detrás de horizonte.


(C) Esther González Sánchez

YO TE COMPARO



YO TE COMPARO


Yo te comparo,
juventud te comparo,
al arroyo que sube del naciente
en el goce de huellas  que ya no son de nadie,
creciendo a la extensión de estambres juveniles
y declaradas rosas de vientres de milagro.

No pude ocultarme entre tus broches
y atrás quedó
mi temperatura
entre tus manos
para traerme en grave, desvastada
ceremonia, a una íntima verbena
en delgadez de olivas
-estrato de mi tiempo más reciente-

y también te comparo
a una resurrección
de brisas atrapadas
en pozos de agua dulce
donde se lavan las sales
y el sabor de lo triste y lo vacío
o al goce de savia renovada
que en dunas del tiempo
empadrona el color de sus verbenas.

(C)   Esther González Sánchez