¡POETA de los
tiempos!
Fue un grito funeral
con vientre de ballena
tu perdida batalla:
Muy adentro de ti,
con esa calma opaca
de dormidas farolas
te veía un oscuro;
afilaba el desorden de un estruendo,
y al abrir su barrica
la tan lóbrega boca,
palideció la tarde confirmando
la gravedad dolora de su sino:
Bastaron dos sentencias,
dos sílabas de
arpones,
para llevarte al umbral de una puerta
abastecida en llaves.
¡Alzado corazón,
como un secreto en púrpura tulipa!
Más alto que el
vacío,
Oriente y Occidente
llueven tu brillo en pie, con el rigor
de una despedida
luminar,
y tal como si fueran
hermanados, unívocos
encuentros,
como rosa amarilla
cayó la turbación
del sol sobre tus
hombros
y la blanca virtud de la mañana
no quiso madrugar en
otras puertas.
Dulcemente dormido:
desde el urgente
apremio que te obliga
gavillándote el
pecho,
muriendo en sus violetas,
leve pareces
como una huida en
pausa;
blanco derrumbe en
cúspide,
igual que si habitases
el último esfuerzo de la mar
por llegar a sus
playas,
o rindiera tu párpado al éxtasis
de un pensamiento íntimo.
Sólo y venial;
guitarra muda al aire
pareces
absorto en
desacuerdos,
tal, si una rebelión
de girasoles
voltease tus hábitos de luz,
exigua y agotada
en la artesa del
tiempo
la bondad fraudulenta
de los panes prestados.
In
memoriam del poeta y escritor
Rodolfo Virginio Leiro
© Esther González Sánchez